Durante miles de años la humanidad se desarrolló bajo unas condiciones ambientales relativamente estables. Ese periodo, conocido como Holoceno, permitió el desarrollo de la agricultura, las ciudades y las civilizaciones modernas. Hoy, sin embargo, los científicos advierten de que nos estamos alejando progresivamente de ese espacio de estabilidad que hizo posible nuestro desarrollo.
La nueva edición del Planetary Health Check 2025, elaborada por Planetary Boundaries Science y coordinada por investigadores del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático, ofrece una de las radiografías más completas del estado del planeta.
La conclusión resulta preocupante: siete de los nueve límites planetarios han sido superados y todos muestran una tendencia de deterioro continuado.
Más allá del número, el mensaje principal es otro: La presión humana sobre los sistemas naturales continúa aumentando y acerca progresivamente a la Tierra a una zona donde los cambios pueden adquirir una dimensión difícil de revertir.
¿Qué son los límites planetarios?
El marco de los límites planetarios fue desarrollado por Johan Rockström y otros investigadores para identificar los procesos biofísicos que mantienen la estabilidad del sistema terrestre. Estos límites representan umbrales que delimitan un espacio operativo seguro para la humanidad. Cuando se superan, aumenta la probabilidad de alteraciones ambientales de gran magnitud.
El informe evalúa nueve grandes procesos:
- Cambio climático.
- Integridad de la biosfera.
- Uso del suelo.
- Agua dulce.
- Flujos biogeoquímicos.
- Acidificación oceánica.
- Aerosoles atmosféricos.
- Ozono estratosférico.
- Entidades nuevas (productos químicos, plásticos y otros compuestos sintéticos).
La evaluación de 2025 confirma que siete de ellos ya operan fuera del espacio considerado seguro.

El océano cruza una frontera histórica

Uno de los hallazgos más relevantes de esta edición es la incorporación de la acidificación oceánica al grupo de límites transgredidos. Por primera vez, el indicador utilizado para evaluar este proceso sitúa al océano fuera del espacio operativo seguro. El estado medio global de saturación de aragonito alcanza 2,84, ligeramente por debajo del límite establecido en 2,86.
Puede parecer una diferencia pequeña, pero tiene implicaciones enormes. La acidificación dificulta la formación de estructuras calcáreas en numerosos organismos marinos, desde corales hasta moluscos y plancton. Estos organismos forman la base de muchos ecosistemas oceánicos y sostienen cadenas alimentarias completas.
El informe recuerda además que los océanos absorben una parte sustancial del exceso de calor y aproximadamente una cuarta parte del CO₂ emitido por las actividades humanas. Su degradación afecta directamente a la capacidad reguladora del sistema climático global.
Biodiversidad, el límite más deteriorado.

Si hubiera que señalar el límite con una situación más comprometida, probablemente sería la integridad de la biosfera. La tasa de extinción actual supera ampliamente los niveles considerados seguros y se sitúa entre 100 y 1.000 extinciones por millón de especies y año, frente al límite planetario de 10. Al mismo tiempo, la apropiación humana de la producción biológica terrestre alcanza el 30 %, triplicando el umbral considerado seguro.
Estos datos reflejan una realidad que suele pasar desapercibida: la biodiversidad no se limita a proteger especies emblemáticas. También mantiene funciones ecológicas esenciales relacionadas con la fertilidad de los suelos, la regulación climática, los ciclos del agua y la producción de alimentos.
Los bosques y el agua muestran una tendencia preocupante

La cobertura forestal global se sitúa en torno al 59 %, muy lejos del nivel considerado seguro, fijado en el 75 %.
La pérdida de bosques afecta simultáneamente a varios límites planetarios. Reduce la capacidad de captura de carbono, altera los ciclos hidrológicos y acelera la pérdida de biodiversidad. El informe destaca igualmente el deterioro de los recursos de agua dulce.
Las alteraciones provocadas por la actividad humana afectan ya a más de una quinta parte de la superficie terrestre tanto en los caudales de los ríos como en la humedad del suelo. Ambos indicadores duplican aproximadamente los niveles compatibles con la estabilidad ecológica. Los investigadores identifican al cambio climático como uno de los principales impulsores de esta creciente inestabilidad hídrica.
Fertilizantes, contaminación y nuevas sustancias químicas

La agricultura intensiva continúa siendo una de las mayores fuentes de presión sobre el sistema terrestre. El uso de fósforo triplica el límite planetario y las aportaciones de nitrógeno más que duplican los niveles considerados seguros. Las consecuencias son visibles en forma de eutrofización, contaminación de aguas y aparición de zonas muertas en ecosistemas acuáticos.
A ello se suma otro límite especialmente complejo: las entidades nuevas. Miles de compuestos sintéticos, plásticos y sustancias químicas continúan incorporándose al medio ambiente a un ritmo superior a la capacidad de evaluación y control existente.
Una señal positiva: el ozono demuestra que actuar funciona

Entre tantas señales preocupantes existe también un mensaje esperanzador y es que la recuperación progresiva de la capa de ozono demuestra que la cooperación internacional puede revertir problemas ambientales globales.
El Protocolo de Montreal continúa siendo uno de los ejemplos más exitosos de gobernanza ambiental, demostrando que las decisiones basadas en la ciencia pueden generar resultados tangibles.

La evaluación global del Planetary Health Check 2025 sitúa a la Tierra en la parte alta de la zona de peligro, cada vez más próxima a la zona de alto riesgo.
Aun así, el informe transmite una idea importante: el sistema terrestre conserva una notable capacidad de resiliencia y todavía existe margen para recuperar condiciones más seguras.
La cuestión ya no es si los límites planetarios están siendo sobrepasados. Los datos muestran que esto ocurre desde hace años. El verdadero desafío consiste en determinar con qué rapidez somos capaces de reducir las presiones que ejercemos sobre los sistemas naturales que sostienen nuestra sociedad, nuestra economía y nuestra calidad de vida.
