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La nueva etiqueta de la UE que cambiará cómo compramos y cómo funciona la ESPR

El Joint Research Centre de la UE acaba de publicar la metodología oficial que definirá cómo se miden, clasifican y etiquetan los productos sostenibles bajo el Reglamento ESPR. Te explicamos qué propone, cómo funciona la futura etiqueta y qué significa esto para las empresas que quieran posicionarse como proveedores sostenibles en Europa.

El Reglamento de Ecodiseño para productos Sostenibles ya tiene metodología oficial. El JRC acaba de publicar el manual técnico que definirá cómo se clasifican y etiquetan los productos en Europa.

En 2024 entró en vigor el Reglamento de Ecodiseño para Productos Sostenibles (ESPR). Su ambición es clara: hacer de los productos sostenibles la norma en el mercado europeo, no la excepción. Ahora el Joint Research Centre (JRC) acaba de publicar el documento técnico que le da músculo operativo a esa ambición: una metodología para definir clases de desempeño y diseñar la futura etiqueta ESPR.

¿Por qué este reporte importa ahora?

Hasta ahora, la directiva de ecodiseño se centraba principalmente en el consumo de energía. El ESPR lo amplía radicalmente: cubre casi todos los productos del mercado europeo (tanto intermedios como finales) y su foco va mucho más allá de la energía. Abarca el ciclo de vida completo del producto: huella ambiental, circularidad, durabilidad, reparabilidad, reciclabilidad…

El reto: para regular todo eso, primero hay que poder medirlo y compararlo. Ahí entra este reporte del JRC, que propone las herramientas metodológicas para hacerlo de forma rigurosa, transparente y armonizada en toda la UE.

Anatomía de la futura etiqueta ESPR

El reporte propone una tipología de información para la etiqueta que equilibra simplicidad con rigor. Así es como luciría:

Tres capas de información

La etiqueta ESPR usa un enfoque por capas: lo más visible es la clase de desempeño ambiental global, luego un indicador cuantitativo clave, y finalmente los parámetros de circularidad.

Un código QR vinculará la etiqueta al Pasaporte Digital del Producto (DPP), donde los consumidores, empresas y reguladores podrán acceder a la información completa.

El objetivo es que no haya sobrecarga informativa en el punto de venta, pero que toda la profundidad de datos esté disponible para quien la necesite.

La metodología: un flujo de trabajo en 4 pasos

El reporte establece un proceso estructurado para diseñar las clases de desempeño de cualquier categoría de producto bajo el ESPR:

  1. Selección de aspectos y parámetros relevantes. Identificar qué aspectos de circularidad (durabilidad, reparabilidad, reciclabilidad, etc.) son relevantes para ese grupo de producto, usando criterios de viabilidad científica, cobertura geográfica y disponibilidad de datos.
  2. Clases de desempeño ambiental (PEF). Definir 5 clases (A a E) basadas en la Huella Ambiental de Producto (PEF). Se usa una distribución estadística de los productos del mercado, con el producto «representativo» como punto medio de la clase C, y los mejores y peores productos como límites.
  3. Clases de circularidad. Para cada indicador de circularidad (durabilidad, reparabilidad…), definir umbrales de rendimiento usando tres métodos posibles: clase media fija con producto representativo, intervalos fijos basados en mín/máx, o porcentaje fijo de productos por clase.
  4. Revisión periódica y actualización. Las clases no son estáticas. El reporte define indicadores de alerta para saber cuándo actualizar: tasa de penetración de la clase A, ritmo de innovación tecnológica, cambios en estándares mínimos del mercado…

El reto de medir la circularidad

Uno de los aportes más novedosos del reporte es su aproximación a los parámetros de circularidad. El JRC analiza 14 aspectos: durabilidad, fiabilidad, reutilizabilidad, actualizabilidad, reparabilidad, mantenimiento, reacondicionamiento, uso del agua, uso de recursos, contenido reciclado, refabricación, reciclabilidad, recuperación de materiales y generación de residuos.

El reporte propone usar criterios ENSOS para seleccionar los mejores indicadores: que sean fáciles de medir, significativos, simples de entender, adecuados para el propósito y sólidos científicamente.

La Huella Ambiental de Producto (PEF): el corazón del sistema

Para las clases de desempeño ambiental, el método propuesto se apoya en el PEF (Product Environmental Footprint), la metodología de análisis de ciclo de vida adoptada por la Comisión Europea. El PEF considera 16 categorías de impacto, desde el cambio climático hasta la eutrofización o el uso de recursos minerales.

El JRC propone un doble nivel de evaluación:

Score agregado (single score)

Un único valor que combina las 16 categorías en un indicador comparativo. Permite comparar productos de manera rápida y comprensible para el consumidor.

Categorías individuales

Acceso detallado a cada una de las 16 categorías de impacto. Esencial para compradores profesionales, reguladores y cadenas de suministro que necesitan profundidad.

El Pasaporte Digital del Producto (DPP)

Como ya tratábamos en el artículo anterior, en nuestro blog. El DPP es el complemento digital de la etiqueta ESPR. Es un documento digital obligatorio que contiene información completa, estructurada y actualizada sobre el producto, vinculado a él mediante un identificador único (QR, RFID, NFC, código de barras).

Mientras la etiqueta física muestra lo esencial para el consumidor en el punto de venta, el DPP pone a disposición de todos los actores de la cadena (consumidores, compradores corporativos, reguladores, recicladores), es decir, la trazabilidad completa. Un registro digital europeo estará operativo antes de julio de 2026.

¿Cómo convive con otras etiquetas existentes?

Una preocupación válida: ¿no genera confusión añadir otra etiqueta al mercado? El reporte la aborda directamente, proponiendo marcos analíticos específicos para gestionar la coexistencia con:

  • Etiqueta Energética: Si la energía representa ≥50% del impacto ambiental de un producto, la Etiqueta Energética puede actuar como proxy. Si no, se combina información de ambas.
  • Ecolabel europeo: El Ecolabel mantiene su rol como sello de excelencia ambiental, pero sus criterios deberán ser siempre más exigentes que los requisitos mínimos del ESPR.
  • Etiquetas nacionales: Se analiza su compatibilidad, como el índice de durabilidad francés, para identificar solapamientos y armonizar criterios a nivel europeo.

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