Reclamando el valor de la geografía profesional en administraciones y políticas públicas

En plena revolución de la inteligencia artificial, muchos se preguntan qué profesiones resistirán el cambio. La geografía, lejos de ser solo mapas, se consolida como una disciplina estratégica en planificación territorial, sostenibilidad ambiental, gestión de riesgos y sistemas de información geográfica. Este artículo revisa el papel del geógrafo profesional en la administración y en la…

Hoy me ha asaltado la típica duda existencialista profesional tras escuchar un podcast sobre lo que que nos depara la IA en los próximos 5 -10 años… Al parecer el principal impacto a corto plazo lo tendrán aquellos trabajos que sean altamente automatizables y con una incidencia directa sobre aquellos que se plantean en la entrada a la vida laboral. Los puestos de formación y juniors, serán prácticamente sustituidos por IA. ¡Ojo!, los puestos intermedios también tendrán su viacrucis a medio y largo plazo… Esto es lo que nos vienen diciendo los gurús y lo que estamos viendo en los miles de despidos que ya están sucediendo en las grandes tecnológicas de referencia (Amazon, Microsoft, Meta, etc.) un día sí y otro también.

Y uno se lo puede creer o no. Pero mirando hacia atrás, si pienso en lo que ha venido pasando en estos dos últimos años era impensable. Así que yo por lo menos me paro a replantearme mi futuro como geógrafo con estas perspectivas. Para ello me planteo cuáles son las áreas principales de trabajo del geógrafo en la que yo de una u otra forma he estado trabajando.

¿Me acompañan en esta revisión? Aviso, hay que leer, ya sacaré el video cuando tenga tiempo y ganas de grabar… ¡Vamos con ello!

¿Qué es un geógrafo profesional?

¡Pero bueno, pero bueno! Pero ¿para qué sirve un geógrafo?

Esta pregunta ya fue planteada provocativamente ya en 1974 por Pablo Morata, pero no es de interés contaros vida, obra y milagros de la historia de la geografía. Tengo 47 años, no me importa decirlo. Así que me centraré en lo que se ha avanzado en este último medio siglo como mucho. Os dejo en cualquier caso enlace a mi querida wikipedia, por si queréis informaros más al respecto: Cómo mola la historia de los Geógrafos

Lo venimos diciendo desde hace años (desde que estudio geografía por lo menos!!). El geógrafo (y geógrafa!!!) profesional es mucho más que un experto en mapas; es un analista del territorio, capaz de interpretar complejas dinámicas socioespaciales y aportar una visión integradora en la planificación y en la gestión pública. Sí, todos tenemos en la cabeza que la Geografía ha sido históricamente una ciencia académica, pero en las últimas décadas se ha consolidado también como una profesión de creciente demanda en las empresas y administraciones públicas.

El Real Decreto 1447/1990 (BOE-A-1990-27900 Real Decreto 1447/1990, de 26 de octubre, por el que se establece el título universitario oficial de Licenciado en Geografía) marcó un hito al establecer esta Licenciatura como titulación independiente en España, impulsando así la formación de geógrafos orientada a aplicaciones prácticas.

Desde entonces, la presencia de geógrafos en el mercado laboral español se ha incrementado progresivamente, insertándose como técnicos especializados en múltiples campos: desarrollo territorial, medio ambiente, planificación urbana, gestión de recursos naturales, turismo, riesgos naturales, catastro o sistemas de información geográfica, entre muchos otros.

Esta evolución llevó a la creación del Colegio de Geógrafos de España en 1999, reconocido por ley para regular y representar la profesión. (Si quieres saber más, aquí te dejo enlace a más info del Colegio de Geógrafos de Andalucía)

Hoy, frente a retos globales como el cambio climático o la ordenación sostenible del territorio, la figura del geógrafo se revela estratégica. Y sin embargo, persiste cierta invisibilidad del geógrafo en la esfera pública y política. ¡Ah! O que también suelen confundirnos con geólogos o topógrafos (sin acritud y con todo el respeto a estas dignas profesiones). Así que tal y como he avanzado previamente, a continuación examinamos su aporte y valor en ámbitos clave. ¿Nos quedaremos sin trabajo por la IA?

Geografía y planificación territorial: una visión integradora

La ordenación del territorio y el urbanismo han sido tradicionalmente dominios de ingenieros, arquitectos y juristas. No obstante, la participación del geógrafo en la planificación territorial es reciente pero potencialmente la más útil de todas.

Creo por experiencia que un geógrafo aporta una visión holística del territorio, combinando análisis físico, ambiental, social y económico. Ya en 1985, el geógrafo Antonio-José Campesino señalaba los “avatares de una conquista profesional” (en «El geógrafo en el planeamiento urbano«) al incorporarse geógrafos a equipos de planeamiento urbano hasta entonces monopolizados por otros técnicos

Campesino defendía entonces que el geógrafo urbano, con sólidos conocimientos de urbanismo, legislación y gestión pública, podía y debía profundizar en la comprensión de la ciudad y la crítica a los planes urbanísticos vigentes. Señalaba que el geógrafo era “una especie rara, desconocida y no por ello socialmente no demandada”, cuyo ingreso en la planificación resultaba lógico, pero tropezaba con inercias de otros cuerpos técnicos. Aun así, instaba a perseverar: la incorporación de geógrafos aportaría análisis espaciales rigurosos en planes de ordenación y mayor racionalidad en el uso del suelo.

En esa misma línea, otro reconocido geógrafo coetáneo, Javier Gómez Piñeiro, reflexionaba sobre las relaciones entre la Geografía y la Ordenación del Territorio, afirmando que la disciplina geográfica estaba llamada a desempeñar un papel teórico y práctico fundamental en la planificación estratégica. Desde clarificar conceptos espaciales hasta proponer metodologías participativas, la geografía aplicada provee las herramientas para abordar problemas territoriales complejos.

Actualmente, los geógrafos dirigen, coordinan o asesoran en planes urbanísticos y sobre todo territoriales o regionales, que integran variables ambientales y de riesgo. Por ejemplo, Jorge Olcina –prestigioso geógrafo y climatólogo– subrayaba ya en 2008 («Evaluación de los riesgos naturales en las políticas de ordenación urbana de los municipios de la provincia de Alicante. Legislación y cartografía de riesgo«) que la escala regional es clave para la ordenación sostenible y la reducción de riesgos, y que en los planes territoriales autonómicos de España se comenzó a incorporar cartografía detallada de riesgos naturales gracias, en parte, a especialistas en geografía.

El valor añadido que un geógrafo aporta a un equipo de planificación es su enfoque integrador. Mientras otras profesiones tienden a mirar el territorio desde un solo ángulo (ingenierías, abogados urbanistas, arquitectos, etc), el geógrafo analiza las interacciones espacio-sociedad en su conjunto. Esto redunda en planes más coherentes: ciudades más compactas y conectadas, uso del suelo equilibrado entre desarrollo y conservación, consideración de las dinámicas rurales-urbanas, etc.

En muchos municipios sigue sin haber geógrafos en los gabinetes técnicos, pero es curioso cómo actualmente la transversalidad en la formación de posgrado y profesional de otros perfiles técnicos, junto con la aparición de nuevas técnicas y tecnologías, esté ocasionando que nos encontremos perfiles mixtos con esa perspectiva más integradora de los geógrafos: arquitectos paisajistas, arquigeógrafos o geotectos (tal y como se define así mismo M. Borobio), etc.

Por supuesto, aún queda camino. Pero las experiencias exitosas evidencian que su participación mejora la planificación. Territorios complejos requieren miradas globales, sí, pero el papel del geógrafo en los procesos de planificación, se extiende a lo largo de todas las fases de elaboración: fase de concurso y propuesta, análisis y diagnóstico, planteamiento de alternativas, estrategias y acciones, participación pública, defensa, cartografías y nuevas tecnologías, etc. Y es que también en su versatilidad, el geógrafo parece que demuestra ser un perfil imprescindible en cualquier equipo de planificación.

Todo ello me inclina a pensar que es materialmente imposible que una IA nos pueda sustituir completamente a este nivel. Demasiados factores y variables que implican una presencialidad, igual en el futuro nos puedan sustituir por robots y que sean ellos los que finalmente planifiquen y ejecuten todo por nosotros. Pero por el momento, ¡por aquí seguimos siendo fuertes y necesarios!

Geógrafos y desarrollo turístico: ordenando un motor económico

El turismo es un sector vital en España (seguro que no se habían dado cuenta…), pero todos conocemos cuáles son los impactos negativos de su planificación no controlada (saturación urbanística, degradación ambiental, dependencia económica). Aquí, la aportación de los geógrafos ha sido notable al promover enfoques de planificación turística sostenible. Los geógrafos han contribuido a delinear planes de desarrollo turístico local y regional, identificando zonas aptas para cierto tipo de turismo, distribuyendo flujos para evitar la congestión y valorizando los recursos culturales y naturales de forma equilibrada.

Los profesionales del turismo necesitan la perspectiva espacial para diseñar destinos sostenibles. El geógrafo experto en turismo Diego A. Barrado-Timón ya remarcaba en 2001 que numerosas demandas del sector turístico “llevan aparejada la necesidad de importantes conocimientos geográficos”El papel de la geografía en la formación de técnicos de turismo«). Sin embargo, detectaba que muchos estudiantes de turismo desconocían la utilidad de la geografía, percibiéndola como algo enciclopédico y poco práctico. Sus conclusiones abogan por incorporar más contenidos de geografía del turismo en la formación, pues ayuda a interpretar, planificar y gestionar la actividad turística.

En definitiva, el geógrafo aporta al turismo una planificación territorial con sentido común: evitar la urbanización de zonas frágiles, diversificar la oferta turística para no sobrecargar los mismos lugares, integrar a la población local en los beneficios y decisiones, y garantizar la conservación a largo plazo de los atractivos (playas, montañas, patrimonio) que sustentan la actividad. Donde hay un plan turístico elaborado con criterio territorial, es muy probable que haya geógrafos detrás.

Sostenibilidad ambiental y desarrollo sostenible: una necesidad transversal

La sostenibilidad se ha convertido en pilar de las políticas públicas (Agenda 2030 de la ONU, Estrategias de desarrollo sostenible, etc.). La geografía, como “ciencia del territorio”, es intrínsecamente interdisciplinar y por ello entiendo que fundamental para abordar la sostenibilidad ambiental. Los geógrafos profesionales actúan como puente entre las ciencias naturales, las sociales y las económicas, integrando información ecológica, climática, demográfica, económica y cultural (lo que incluye todos los aspectos de políticas y gobernanza) de un territorio para orientarlo hacia decisiones sostenibles.

Un ejemplo de esa labor es la conceptuación de geogobernanza, entendida como la incorporación explícita de la información geográfica en los procesos de gobernanza para mejorar la toma de decisiones.

Este concepto fue impulsado durante la crisis de la COVID-19; geógrafos españoles impulsaron en Zaragoza un grupo de trabajo de geogobernanza para enfrentar la pandemia con criterios espaciales. Desde la geografía se han aportado herramientas con inteligencia geográfica para analizar la distribución barrial de la vulnerabilidad social, optimizar la ubicación de recursos sanitarios o planificar una movilidad urbana segura en la desescalada. Esta experiencia demostró que considerar las variables territoriales –densidad, accesibilidad, contrastes socioespaciales– mejora la eficacia de las políticas públicas en contextos de crisis.

En esa misma línea el geógrafo Moisés Simancas Cruz editó un libro colaborativo «Turismo pos-COVID-19 (2020)» en coordinación con economistas, en el que se abordaba desde diferentes enfoques el desafío sin precedentes que supuso para el turismo, obligando a las administraciones a repensar y adaptar rápidamente las políticas y regulaciones sectoriales en un claro ejercicio de geogobernanza. En este mismo libro, tuve el honor de compartir con mis colegas Adrián Ferrandis y José Vte. Sánchez Cabrera, un capítulo que titulamos «Las playas inteligentes: la mejor alternativa para la gestión de playas poscoronavirus«, ejemplo de cómo la geogobernanza puede capitalizar la integración de los SIG para la toma de decisiones, permitiendo una monitorización en tiempo real de aforos, flujos de personas y el despliegue de servicios esenciales, como se detalla en este apartado del libro.

Tal y como comentaba previamente, enfocando en materia de cambio climático, los geógrafos contribuyen evaluando impactos locales (riesgo de inundaciones, olas de calor urbanas, subida del nivel del mar en costas…) y asesorando en planes de adaptación climática. La gobernanza requiere mapas de riesgos, estudios de vulnerabilidad y análisis de usos del suelo; competencias todas donde el geógrafo está especialmente capacitado. No es casual que muchos Departamentos de Medio Ambiente y/o de Ordenación del Territorio en gobiernos regionales y locales cuenten con geógrafos en sus equipos técnicos, encargados de ordenación de espacios naturales, planificación de corredores ecológicos o evaluación ambiental de proyectos.

La geogobernanza se presenta así como un enfoque innovador donde los geógrafos juegan un rol clave, llevando la voz del territorio a la mesa de decisión política. La propia Comisión Europea, en su Agenda Territorial, subraya la importancia de la información geográfica para lograr cohesión territorial y sostenibilidad en las políticas de desarrollo.

Gestión de riesgos naturales: anticipando amenazas con perspectiva territorial

El cambio climático España es un país propenso a riesgos naturales: inundaciones repentinas, sequías, incendios forestales, terremotos y erupciones volcánicas (en territorios insulares). La prevención y gestión de riesgos exige entender la relación entre procesos naturales y ocupación humana del espacio. Aquí los geógrafos han realizado valiosas aportaciones en cartografía de riesgos, análisis de patrones territoriales de peligrosidad y planificación preventiva.

Un caso ilustrativo es el trabajo ya mencionado de Jorge Olcina, quien investigó la integración de la cartografía de riesgo en el planeamiento urbano de la provincia de Alicante. En un estudio de 2018, Olcina y colaboradores encontraron que, tras la Ley española de 2008 que obliga a incorporar estudios de riesgo en los planes urbanísticos, todavía pocos municipios cumplen plenamente ese mandato. Señalan que es necesario mejorar, pero aplauden que al menos la preocupación por los riesgos empieza a reflejarse en la planificación territorial.

Esta lenta mejora se debe en parte a que geógrafos especializados en climatología, hidrología o geomorfología están participando más en la elaboración de planes y en equipos de Protección Civil. Su aportación es fundamental para identificar zonas inundables, mapear áreas con riesgo de incendios o movimientos de ladera, y proponer medidas de ordenación que minimicen la exposición a amenazas naturales y antrópicas.  

Recordemos que en 1996 la catástrofe de Biescas (Huesca) marcó un antes y después en la sensibilidad hacia los riesgos en España. No hace tanto, la conocida DANA de Valencia nos golpeaba.

A raíz de tragedias como estas, los geógrafos han ido presionando por incluir estudios de inundabilidad en todos los planes urbanísticos. Hoy es impensable diseñar un plan territorial sin consultar los mapas de riesgo en confederaciones hidrográficas, institutos geológicos o universidades. No hay un Plan Territorial que ya no incorpore un capítulo específico de prevención de riesgos (identificando, por ejemplo, zonas donde prohibir urbanizar por alto riesgo). La presencia del geógrafo garantiza que la variable riesgo no se soslaye en aras del desarrollo a cualquier costo… Luego ya los políticos hacen y deshacen a sus anchas, pero ese es otro cantar.

Además, en gestión de emergencias, los geógrafos aportan análisis espacial en tiempo real: uso de sistemas de información geográfica (SIG) para monitorear incendios o para la logística de evacuaciones en inundaciones, etc. Por eso, organismos de Protección Civil cuentan con geógrafos para interpretar escenarios durante una crisis y para extraer lecciones post-evento plasmándolas en nuevos mapas de peligrosidad y resiliencia.

En síntesis, un país más seguro frente a desastres es un país que aprovecha el conocimiento geográfico: que delimita con precisión sus zonas de riesgo, ordena el territorio alejando usos vulnerables de áreas peligrosas, educa a la población con cartografía clara de qué puede pasar en cada lugar, y planifica infraestructuras y respuestas de emergencia considerando la geografía. Nada de eso es posible sin geógrafos integrados en la gestión pública del riesgo.

SIG y geointeligencia pública: el poder de la información geográfica

Vivimos en la era del Big Data y la información geográfica se ha convertido en el maná de cualquier proceso de toma de decisiones. Los Sistemas de Información Geográfica (SIG) permiten cruzar capas de datos socioeconómicos, medioambientales, infraestructurales, etc., vinculándolos al territorio. Esto simplifica procesos de decisión al evidenciar patrones espaciales ocultos en tablas y documentos tradicionales

Los geógrafos fueron pioneros en el manejo de SIG y en su aplicación en sectores públicos tan diversos como la planificación sanitaria (ubicación óptima de hospitales), la gestión educativa (asignación de colegios en función de la distribución infantil) o la seguridad ciudadana (mapas de delincuencia). Un estudio sobre la implantación de SIG en ayuntamientos españoles (Reques y Escolano, 1997) reveló que hacia mediados de los 90 ya muchas ciudades estaban adoptando estas herramientas, pero se enfrentaban a retos de formación y datos

Esos autores –ambos geógrafos– documentaron cómo los ayuntamientos pioneros en usar SIG mejoraron la eficiencia de catastro, urbanismo y gestión de redes de servicios. Identificaron también limitaciones iniciales: falta de personal formado (vacío que empezaron a llenar geógrafos jóvenes), dificultades para integrar bases de datos, etc. Concluían que, pese a todo, los SIG tenían un enorme potencial para modernizar la administración local.

Hoy ese potencial es una realidad. Gracias a la labor de muchos geógrafos municipales, existen geoportales públicos donde cualquier ciudadano puede consultar el planeamiento de su ciudad, los equipamientos, rutas de transporte o niveles de contaminación a través de mapas interactivos. La transparencia y participación han aumentado al difundir la información territorial de forma comprensible. Además, en ámbitos como la seguridad y defensa, los geógrafos analistas son clave: por ejemplo, en unidades militares o policiales que estudian con SIG la distribución espacial de incidentes para optimizar recursos. En el sector de la salud pública, quedó de manifiesto con la pandemia que los mapas de incidencia y las aplicaciones de rastreo son fundamentales; de hecho, muchos fueron desarrollados o gestionados por equipos con geógrafos.

La geografía aporta también una mirada crítica al uso de estas tecnologías. Como advierten algunos especialistas, no basta con tener la herramienta, hay que saber qué preguntas hacerle y cómo interpretar sus respuestas. Un mapa mal leído puede llevar a decisiones erróneas. Por eso es importante que sea personal con formación geográfica quien maneje los SIG en la administración. La geolocalización se ha convertido en un elemento imprescindible en la estrategia de empresas y gobiernos, pero su verdadero valor emerge cuando se combina con el análisis espacial experto que proporcionan los geógrafos.

En otras palabras, “la geografía conecta el mundo físico y el digital”, transformando datos brutos en información estratégica para decidir mejor y más rápido. La incorporación de geógrafos en puestos relacionados con geotecnologías (SIG, teledetección, big data geográfico) asegura que la administración aproveche al máximo la “revolución geoespacial”. Países como el Reino Unido o Francia cuentan con unidades gubernamentales de geointeligencia donde abundan geógrafos; España no debe quedarse atrás en esa tendencia internacional.

Hacia una mayor presencia del geógrafo en las administraciones

A pesar de todo lo expuesto, la plena integración del geógrafo en la función pública española enfrenta retos. Por un lado, desconocimiento: muchos responsables políticos aún no tienen clara la polivalencia del geógrafo. Por otro, cuestiones administrativas: en oposiciones y estructuras de personal, la categoría profesional de “geógrafo” a veces ni siquiera aparece, encajándose bajo genéricos como técnicos de medio ambiente o urbanismo.

El Colegio de Geógrafos, desde su creación, lucha por visibilizar y defender la figura del geógrafo en igualdad de condiciones con otros titulados Gracias a esas gestiones, hoy un geógrafo puede colegiarse y acreditar oficialmente su competencia profesional, lo que ha facilitado que sea incluido en más convocatorias públicas. Pero queda camino: es necesario actualizar los catálogos de puestos para reconocer perfiles geográficos allí donde aportan valor.

España cuenta con unos 1.300 geógrafos colegiados (y muchos otros formados) trabajando en muy diversos ámbitos

Sus perfiles profesionales han sido categorizados por el propio Colegio de Geógrafos en seis grandes áreas: desarrollo territorial y local, medio ambiente y recursos naturales, planificación territorial y urbanismo, estudios sociodemográficos, cartografía/SIG, y docencia/ investigación. Esto demuestra la versatilidad del colectivo. Pero también implica que a veces estén “diluidos” en equipos multidisciplinares sin que se reconozca explícitamente su identidad geográfica.

Lograr una mayor presencia pasa primero por concienciar a la sociedad y a los decisores. Hay que comunicar mejor qué hace un geógrafo: por qué su enfoque espacial es conveniente para la elaboración de planes y estrategias, cómo su análisis de datos georreferenciados optimiza recursos, cómo su conocimiento del territorio puede evitar desastres o potenciar oportunidades (por ejemplo, identificar suelos idóneos para energías renovables, planificar infraestructuras con menor impacto, etc.). Iniciativas como la publicación del Diccionario de Geografía Aplicada y Profesional (L. López Trigal, dir., 2015) han sistematizado la terminología y métodos que manejan los geógrafos aplicados lo cual ayuda a entender su aportación en equipos técnicos.

Asimismo, la colaboración internacional refuerza este argumento: en países anglosajones existe desde hace años la figura del Geographer en departamentos gubernamentales (el famoso Geographer of the United States en el Departamento de Estado, por ejemplo). En el Reino Unido se ha creado recientemente la posición de Government Chief Geographer, que coordina el uso de datos geoespaciales en todas las agencias públicas. Estas referencias deberían inspirar a España para dotarse de estructuras similares, aprovechando el talento de nuestros geógrafos.

Finalmente, es clave también fomentar la formación continua y la especialización. La universidad española ofrece grados y másteres en Geografía y Ordenación del Territorio / Medio Ambiente, SIG, Climatología, etc. Muchos egresados luego amplían sus competencias con cursos (por ejemplo, de urbanismo, gestión de recursos hídricos, planificación turística). Esa formación multidisciplinar es la fortaleza del geógrafo, pero debe comunicarse bien a empleadores públicos y privados: un geógrafo es un técnico versátil capaz de aprender y adaptarse a distintos campos, aportando siempre su “valor añadido” espacial.

Conclusión: ¡tú sí que vales!

El conocimiento del territorio es poder. Un poder para decidir mejor, para anticipar problemas y para construir un desarrollo más equilibrado. Si cada vez se tiende más a la especialización estrecha, la figura del geógrafo reivindica una mirada amplia, de conjunto, sin perder el rigor técnico. Los geógrafos profesionales españoles han demostrado su valía en planificación territorial, desarrollo turístico, sostenibilidad ambiental, gestión de riesgos, gestión catastral y nuevas tecnologías geoespaciales, tal como reflejan numerosos estudios y experiencias prácticas aquí recopilados. Sin embargo, su reconocimiento institucional aún no se corresponde con ese aporte.

Es hora de visibilizar y reforzar el papel del geógrafo en las administraciones públicas. Esto implica ajustes normativos (asegurar que en cada equipo multidisciplinar de planificación o medio ambiente haya al menos un geógrafo), culturales (derrumbar la imagen del geógrafo “solo como profesor o dibujante de mapas”, mostrando al geógrafo analista, planificador y gestor) y educativos (seguir adaptando los planes de estudio para enfatizar habilidades aplicadas.

Necesitamos geógrafos en puestos de decisión, no por corporativismo, sino porque su ausencia se nota. Se nota cuando se sigue queriendo urbanizar en zonas inundables por no haber analizado bien el terreno o por intereses privados; se nota cuando se diseñan políticas sin considerar las disparidades regionales; se nota cuando se pierde competitividad turística por no planificar el territorio; se nota cuando se infrautilizan datos valiosos por falta de una perspectiva geográfica… ¡Se nota! .

En definitiva, hacer buena política requiere buena geografía. Dar más espacio a los geógrafos en la gobernanza española redundará en políticas territoriales más inteligentes, equitativas y sostenibles. El reto está planteado y las herramientas existen; aprovechemos ese potencial estratégico de la ciencia geográfica al servicio del bien común.

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